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Historia de la Masonería Venezolana


Hay una serie de documentos que prueban que, las raíces históricas de la masonería venezolana datan de 1797, aun cuando los primeros gérmenes podrían situarse en 1793, cuando Simón Rodríguez, José María España y Manuel Gual, solían reunirse para leer los libros de Rousseau y para discutir algunos capítulos de la "Enciclopedia".

En 1794, la casa de José María España, en La Guaira, era una especie de "Logia Secreta", donde se reunían venezolanos de ideas avanzadas, para informarse sobre los progresos de la Revolución Francesa y sobre la necesidad de sacudir en alguna forma al País del yugo de la monarquía española.

La actividad secreta de José Marra España, Simón Rodríguez, Manuel Gual, Narciso del Valle, Juan Morenos y Juan Manuel del Pino, comenzó a dar sus frutos. Las ideas de “libertad, igualdad y fraternidad”: que difundían, produjeron inquietud en los mestizos, indios y negros, preocupando al Capitán General, Brigadier Pedro Carbonell, quien por medio de un decreto prohibió que se pronunciara en público esa famosa "trilogía francesa", convertida más tarde en principios de la masonería universal.

En 1796, sigilosamente, José María España, Manuel Gual y Simón Rodríguez, en una casona de La Guaira, organizaron una Logia irregular, que se regía por un ritual obtenido de un marino inglés, pero que no estaba bajo la obediencia de ningún Gran Oriente.

En esa Logia irregular, que sería llamada después por los historiadores profanos: "Sociedad Secreta", se estudiaban los pensamientos de Rousseau, Voltaire y Montesquieu; Se leían las obras del abate Raymal y se trazaban planes para derrocar a la monarquía española e instituir una República.

Hay quienes cuestionan, afirmando que, la "Sociedad Secreta" de José María España, Manuel Gual y Simón Rodríguez, no podía ser una "Logia Masónica" porque sus miembros jamás fueron iniciados en un Taller masónico propiamente dicho, pero ese criterio puede ser refutado por la sencilla razón de que en esa época era permitido en América, que hombres libres y de buena voluntad, con la suficiente información sobre los ideales de la masonería, pudieran organizarse para constituir una "Logia", con el compromiso de pasar después a la jurisdicción de algún Gran Oriente.



LA RAIZ PRIMIGENIA

Después de ese prolegómeno histórico de la masonería venezolana, se produce en 1797, el nacimiento del árbol, que creció ininterrumpidamente a pesar de todos los embates. En abril de ese año, llegó a La Guaira, un grupo de prisioneros políticos españoles, autores de la célebre conspiración de "Los Cerrillos de San Blas", dirigida por Juan Bautista Mariano Picornell y Gomilla, ilustre pedagogo reformista, nacido en Palma de Mallorca en 1759.

Junto con el sabio Picornell y Gomilla, llegaron cargados de grillos, José Lax, Manuel Cortés Campomanes, Bernardo Garaza, Juan Manzanares, Juan Pons Izquierdo, Joaquín Villalba y Sebastián Andrés, todos ellos masones y enemigos declarados de la monarquía española.

Estos prisioneros políticos españoles, eran miembros activos de las logias regulares "Libertad" y "España", que trabajaban en el templo masónico de la calle de Basteros, en Madrid.

Influidos por las ideas de la Revolución Francesa, secretamente organizaron en Madrid una vasta conspiración para establecer la República. Estaban cansados de la corrupción y de los abusos de la monarquía. Cuando culminaban los preparativos de la revolución fueron descubiertos por la policía. Por orden del Rey fueron encarcelados y embarcados rumbo a la prisión de Cartagena de Indias. Desembarcaron en La Guaira y temporalmente quedaron encerrados en el Castillo de San Carlos.

Desde la lóbrega mazmorra de La Guaira, estos masones españoles hicieron contacto con José María España, Manuel Gual, Simón Rodríguez, Ponce y otros. Se sabe que José María España por las excelentes relaciones que tenía en La Guaira, estaba al tanto de la personalidad de los prisioneros españoles que fueron desembarcados secretamente.

Valiéndose de sus amigos y hasta del soborno, José María España logró hablar con ellos varias veces. En algunas ocasiones iba al Castillo de San Carlos acompañado de Manuel Gual. Su amistad con el Jefe de la Guardia y algunas monedas de oro, le permitieron permanecer en la cárcel largas horas conversando con los masones españoles. Al parecer en una de esas entrevistas, José María España y Manuel Gual, fueron iniciados formalmente en la masonería, por los ocho Maestros Masones encarcelados.

Lo cierto es que José María España y Manuel Gual, después de esas entrevistas secretas, reorganizaron la Logia irregular que presidían en La Guaira, otorgando mayor importancia a los rituales. Las célebres "Ordenanzas Constitucionales", redactadas en la cárcel por Picornell y Bonilla, calificadas por todos los historiadores, como la declaración expresa de una independencia absoluta, mediante la aplicación del sistema republicano para Venezuela, eran leídas en la Logia por José María España y después fueron sacadas al exterior para su publicación.

Con la ayuda de José María España, Manuel Gual, Simón Rodríguez y otros masones venezolanos, los masones españoles que estaban en el Castillo de San Carlos, lograron fugar a la isla francesa de Guadalupe. Al ir imprimieron una traducción al castellano de los "Derechos del Hombre y del Ciudadano". Editaron asimismo, la "Canción Americana" y "Carmañola Americana", de gran difusión en el Continente.



LA CONSPIRACIÓN DE LA GUAIRA

La siembra ideológica de los masones españoles y especialmente las prédicas de Picornell y Bonilla, encendieron el espíritu revolucionario de José María España, Manuel Gual y Simón Rodríguez. Convencidos de que había llegado el momento de asestar un golpe a la monarquía española y libertar a Venezuela, organizaron un movimiento revolucionario formado por abogados, eclesiásticos, comerciantes, agricultores, artesanos y hasta militares. Deseaban nada menos que la implantación del régimen republicano e independiente en Venezuela.

Al referirse a ese audaz intento revolucionario de los primeros masones venezolanos, escribe Arturo Uslar Pietri, que "las ideas de los conspiradores eran las más avanzadas del credo democrático revolucionario francés. Su texto básico era la más radical proclamación de los derechos del hombre y del ciudadano hecha en Francia en 1793. Los dos primeros artículos del texto impreso, que les fue incautado a los conspiradores, decían, como un estampido en medio del presagioso silencio del orden colonial: "El objeto de la sociedad es el bien común; todo el gobierno es instituido para asegurar al hombre el goce de sus derechos naturales e imprescriptibles. Estos derechos son la igualdad, la libertad, la seguridad y la propiedad".

Entre los conspiradores estaba un tendero de Caracas, muy suelto de lengua. Según parece le informó de los planes revolucionarios a una amante y ésta a un primo que era funcionario español. Lo cierto es que abortó la conspiración.

El 13 de julio de 1797, el gobierno mandó encarcelar a los principales comprometidos, pero varios de ellos, como Simón Rodríguez, lograron huir al extranjero. Después según refiere O'Leary, escribiría en el exilio Simón Rodríguez: "Yo era presidente de una junta secreta de conspiradores. Denunciados por un traidor y hechos blanco de las iras del Capitán General, logré sustraerme a las persecuciones y a la muerte, porque ya embarcado en el puerto La Guaira en un buque norteamericano, y antes de darnos a la vela, supe que muchos de mis compañeros habían sido pasados por las armas sin juicio previo y sin capilla".

Es importante señalar, como lo afirmaron los historiadores Daniel Florencio O'Leary y Alfonso Rumazo González, que la revuelta de los masones Picornell, José María España, Manuel Gual y Simón Rodríguez, no fue apoyada por los aristócratas mantuanos de Caracas y La Guaira, los cuales en número de sesenta acudieron ante el Capitán General y pusieron a su orden personas y fortunas para combatir “el plan infame y detestable" que, entre otras cosas decían "trataba de destruir la Jerarquía Social".

Relata Alfonso Rumazo González que, "uno de los dolidos por la revuelta fue Carlos Palacios, quien le escribió a su hermano Esteban: "Ha sobrevenido la última calamidad, y es haberse descubierto casualmente, por un milagro de la Divina Providencia, una insurrección que se tenía tramada en el puerto La Guaira. Tres reos de Estado dejaron a cargo de cuatro locos el detestable proyecto, y lo que es peor, coaligados con esta canalla del mutismo, llevando por principal sistema aquel detestable de la igualdad. Lo que te hago saber para que tú, como buen patriota, contribuyas por tu parte con esos señores e influyas los medios que puedan conducir para asegurar la propiedad de estos dominios del soberano, que consiste principalmente en mantener el cuerpo de nobles en sus fueros y derechos, como que vivimos metidos entre esta canalla, que se hace preciso tenerlos abatidos y aun a cada uno en su clase".

La bandera creada por los insurrectos era de cuatro colores en franjas horizontales: blanca, azul, amarilla y roja. Los derechos fundamentales del hombre que crearon, también eran cuatro: Igualdad, libertad, seguridad y propiedad.

José María España, burlando a la policía española, consiguió escapar a Trinidad. Pero, inquieto, y para seguir trabajando por el derrocamiento de la monarquía, regresó secretamente a Venezuela en enero de 1799. Desde la casa de su esposa en La Guaira, rápidamente se puso en contacto con otros masones, para organizar la segunda conspiración.

Cuando ya estaban avanzados los preparativos de la nueva insurrección, un sirviente delató la conjura. Las autoridades españolas se movilizaron de inmediato, tomando preso a José María España y otros masones.

Después de un juicio sumario, José María España, fue ejecutado cruelmente en la Plaza Mayor de La Guaira, el 10 de mayo de 1799. Fue ahorcado públicamente y después descuartizado.

Manuel Gual, no tuvo una suerte mejor. Vivía refugiado en Trinidad, pero al ser descubierto por las autoridades españolas, estos mandaron agentes especiales para asesinarlo. Como en efecto así ocurrió el 25 de octubre de 1800.

Las ideas diseminadas por Picornell y Bonilla, José María España, Simón Rodríguez, Manuel Gual, Sebastián Andrés y otros masones, a pesar de la horca y la persecución no fueron apagadas. En Caracas y La Guaira, secretamente continuaban reuniéndose grupos de patriotas, para hablar sobre el heroico sacrificio de los conspiradores de 1797 y sobre la necesidad de independizar a Venezuela.

En el Oriente, en la Isla de Margarita, en Cumaná y Carúpano, también se fundaron "sociedades secretas", estimuladas por marinos ingleses y norteamericanos, todos ellos masones, que llegaban trayéndoles literatura y las Últimas noticias sobre los acontecimientos en Europa.



LAS PRIMERAS LOGIAS

Las investigaciones de Caracciolo Parra Pérez, Jesús Manuel Subero y José Miguel Rivas Bravo, sitúan a Trinidad como el punto de partida de las ideas masónicas que llegaban al oriente venezolano. En Trinidad funcionaban varias Logias, en una de ellas, según Caracciolo Parra Pérez, se inició el general Santiago Mariño.

Entre Trinidad y las costas del oriente venezolano había activo comercio y por esa razón no era difícil qué llegaran con frecuencia marinos y correos masónicos, para patrocinar la formación de "triángulos" y Logias.

Afirma el historiador Jesús Manuel Subero, que según José Miguel Rivas Bravo, la primera logia regular fundada en territorio venezolano, fue la Logia "San Juan de la Margarita", que levantó columnas en 1808. Dependía de la Logia "España", de Madrid.

Suspendió sus trabajos en 1815, cuando Margarita fue invadida por el general Pablo Morillo al frente de 15.000 soldados.

Las investigaciones de Jesús Manuel Subero, están apoyadas en trabajos realizados por el académico Salvador Villalba Gutiérrez, quien a su vez se basa en la documentación que le enviara José Miguel Rivas Bravo, sobre la masonería en Margarita.

Al quedar comprobado que la Logia "San Juan de la Margarita" se fundó en Pampatar (Margarita), en 1808, queda también establecido que esa Logia es la primera fundada en Sur América. Porque antes de esa fecha, no funcionó en América Latina ninguna Logia regular.

Ni Américo Carnicelli, en los dos volúmenes de “La Masonería en la Independencia de América", ni Bartolomé Mitre, en los "Caballeros Racionales", han podido demostrar que en Colombia, Argentina, Chile y Perú, se fundara alguna Logia antes de 1808. La más antigua Logia de la Nueva Granada se fundó en 1811. En Argentina, la primera Logia se fundó en 1814. Por tanto, la Isla de Margarita, tiene el honor de haber sido el asiento de la primera Logia sudamericana.

Margarita, fue la puerta de entrada de los españoles a Venezuela. Fue la isla de las perlas, visitada constantemente por marinos y aventureros; la tierra de la libertad, donde florecieron después de la conjura de La Guaira de 1797, las más ardientes ideas a favor de la emancipación. Por eso no es de extrañar que en Pampatar se fundara la primera logia de América Latina.

La Logia "San Juan de la Margarita", se reorganizó en 1822 y obtuvo Carta Patente con el número 17. Suspendió sus trabajos en 1825, por las contingencias del momento histórico que vivía Venezuela. Se reorganizó de nuevo en 1830. Obtuvo nueva Carta Patente siempre con el número 17, en 1838. Debido a un cisma masónico suspendió definitivamente sus trabajos en 1840.

La segunda Logia fundada en territorio venezolano, fue también en el Oriente, en la ciudad de Cumaná, a comienzos de 1810, por un enviado especial de la Gran Logia de Maryland, Estados Unidos. Este Taller funcionó con el nombre de "Perfecta Armonía" N° 74. Permaneció bajo la jurisdicción de ese alto cuerpo masónico norteamericano hasta 1823.

La tercera Logia regular fundada en Venezuela, fue la "Protectora de las Virtudes" N ° 1, al oriente de Barcelona, Edo. Anzoátegui. Levantó columnas el 1° de julio de 1812, en un acto solemne que contó con la presencia de los generales Carlos Soublette, Rafael Urdaneta, José Tadeo Monagas y Juan Suárez; del Lic. Diego Bautista Urbaneja, Pedro Gual y otros ilustres masones.

Hasta antes de las investigaciones realizadas por Jesús Manuel Subero, Salvador Villalba Gutiérrez y José Miguel Rivas Bravo, se creía que la primera Logia regular venezolana fue la "Protectora de las Virtudes" N ° 1. Pero, después, con los documentados aportes de esos estudiosos de la masonería, se llegó a la conclusión de que no es Barcelona, sino Pampatar, la cuna de la primera Logia sudamericana.



UNA LOGIA HEROICA

Aunque intenten vanamente negarlo los fanáticos y enemigos gratuitos de la masonería, las Logias Masónicas tuvieron destacado papel en la lucha por la Independencia, como lo prueba el sacrificio de José María España, en La Guaira, en 1799.

Ya en plena guerra por la emancipación, en 1815, en Carúpano, una Logia Masónica dejó páginas de increíble heroísmo, pagando con la vida de sus miembros activos, el deseo de forjar una Patria libre y soberana.

Cuenta en su libro "Historia de Carúpano", el escritor Bartolomé Tavera Acosta, que cuando el jefe realista Francisco Tomás Morales llegó a Carúpano a paso de vencedor, a fines de enero de 1815, "tuvo al ir conocimiento de la existencia de la Logia "Patria" y de que además de haber sido los primeros patriotas de la localidad, pertenecen a ella Salazar Navarro y Guerra y, acto seguido los hace decapitar. El sacrificio de estos ciudadanos indigna a los demás compañeros, quienes bajo la dirección de Maneiro, celebran una sesión extraordinaria secreta para protestar contra los procedimientos sanguinarios de Morales. El mencionado oficial Córdova denuncia o lleva a conocimiento de su jefe la reunión y lo que se trama. Al día siguiente son reducidos a la cárcel diez de los trece asistentes a la sesión, salvándose Juan Francisco Maiz, José de la Cruz Guerra y Arnaldo Maristini, quienes se ocultaron al saber que estaban poniendo presos a los demás. Apersogados de dos en dos los diez capturados, bajo escolta al mando del oficial Cancio Alcántara, son conducidos inmediatamente al mismo lugar de la Sabaneta. Al ir arrodillados se les hace inclinar las cabezas y se las cercenan a filo de sable. Después, esas mismas cabezas chorreando sangre, colocadas sobre una mesa, al son de la charanga militar, son paseadas por las calles de la población, para que los habitantes contemplen y sepan quienes son los traidores. Alcántara, en acatamiento a las órdenes superiores, no permite que se inhumen los cadáveres, bajo pena de muerte a quienes lo intentaren".

Esta Logia "Patria", fue fundada en Carúpano, el 2 de diciembre de 1814 y bárbaramente destruida en 1815 por el Brigadier Morales. Refiere Manuel Salvati en su libro " Anotaciones Históricas", corroborando lo dicho por Bartolomé Tavera Acosta, que en 1814 se instaló en el puerto de Carúpano una Logia masónica llamada "Patria ".

El fundador de esa Logia fue el norteamericano Charles Mac Turner, capitán del Bergantín "Patria", venido a Carúpano desde Nueva York, fletado por Ramón Maneiro, quien era margariteño, establecido en la localidad desde hacía algunos años. La mencionada Logia levantó columnas, dependiente del Gran Oriente de Vermont, Estados Unidos. Su Carta Patente tenía el número 890. Acompañaron a Mac Turner en la instalación, Ramón Maneiro (margariteño), Manuel Quezada (argentino), Aldo Ferreti (italiano), Adolphe Melard (francés), Edward Lewis (norteamericano) y José del Lago (mexicano). Su composición no podía ser más multinacional, como testimonio de la esencia universalista de la masonería.

De inmediato la Logia "Patria", se convirtió en centro de la lucha por la Independencia en Carúpano. En un mes de funcionamiento tenía cincuenta iniciados, entre los que se recuerda a Ramón Maneiro (padre), Ramón Maneiro (hijo), Juan Francisco Maiz, Benito J. López, Gabriel Lozada, Pbro. Mariano de Oriach, Juan Bautista de Alcalá, Manuel Bermúdez de Castro, José de la Cruz Carrera, Manuel Antonio Salazar, José Nicolás Salazar Navarro, Braulio Guerra, Juan Manuel Salazar, Ezequiel Margoy, Arnaldo Maristani, Policarpio Rojas, Lorenzo Ziri, Juan Palacios, Andrés Peña, Miguel Sanojo, Crisóstomo Ozuna, Rufino y Pedro J. Guánchez, José J. Mayobre, Sotero Ruiz, Juan Bautista Meaño y otros.

El Brigadier Morales acabó a cuchillo con la Logia "Patria", pero el nombre de ese Taller perdura en la historia, como sinónimo de amor por la libertad y de voluntad de sacrificio por una Venezuela Independiente.



LA CENTRAL MASÓNICA

El 2 de diciembre de 1823, cuando el General José Antonio Páez, masón Grado 33°, proclamó solemnemente que “'ya estaba asegurada la paz y libertad de Venezuela”, funcionaban en el país regularmente 18 Logias:

  • Protectora de las Virtudes (Barcelona).
  • Perfecta Armonía (Cumaná).
  • Unanimidad (La Guaira).
  • Fraternidad Colombiana (Caracas).
  • Concordia Venezolana (Angostura).
  • Unión (Caracas).
  • Regeneradores (Maracaibo).
  • Valor y Constancia (Valencia).
  • Aurora (San Felipe).
  • Amistad (Barquisimeto).
  • Hijos de Colón (El Tocuyo).
  • Libertad (Puerto Cabello).
  • Unión Filantrópica (Coro).
  • Concordia (Valencia).
  • San Juan de la Constancia (Guanare).
  • Concordia (Caracas).
  • San Juan de Margarita (Margarita).
  • Virtud (Carúpano).

Bajo la dirección del licenciado Diego Bautista Urbaneja, estas 18 Logias, después de algunas reuniones preliminares, decidieron la fundación en Caracas de la "Gran Logia de la Gran Colombia", como organismo matriz de la masonería Gran Colombiana.

El 24 de junio de 1824, aniversario de la Batalla de Carabobo, los representantes de las 18 Logias citadas, se reunieron en Caracas para instalar formalmente la "Gran Logia de la Gran Colombia”, presidida por el Lic. Diego Bautista Urbaneja e integrada por los II.·. PP.·. HH.·. José Cordero, Fernando Peñalver, José Maria Lovera, José María Pelgrón, Manuel López Umérez, José R. Martín y Andrés Narvarte, todos del Grado 33°.

Este alto cuerpo masónico venezolano fue constituido por el comisionado especial del Soberano Gran Consistorio de Jefes de la Alta Masonería de los Estados Unidos, I∴ P∴ H∴ José Cerneau, quien trajo poderes para poner en funcionamiento ese organismo central de la masonería Gran Colombiana, con sede en Caracas.

Pero la agitación política reinante y la guerra de la independencia que libraban fuera de Venezuela los militares venezolanos, en su mayoría altos dirigentes masones, quienes se alejaban cada vez más hacia el sur, mantuvo después en receso la actividad masónica en Caracas.

Los trabajos de la "Gran Logia de la Gran Colombia", estuvieron paralizados hasta 1832. Durante el primer gobierno del General José Antonio Páez, se llevó a cabo la reorganización de ese alto cuerpo masónico. Infortunadamente, dicha labor tropezó con la grave dificultad de que muchos de los más sobresalientes líderes habían muerto en los campos de batalla. Uno de los pocos sobrevivientes de la larga guerra, el Lic. Diego Bautista Urbaneja, con la tenacidad que le caracterizaba, trabajó incansablemente para rehacer los cuadros masónicos y llenar las raleadas columnas de las Logias con nuevas adquisiciones.

La ardua tarea de reorganización estuvo lista en 1838, durante el gobierno del general Carlos Soublette. Convocada una asamblea de los representantes de todas las Logias del país, fue instalada la nueva Central Masónica Venezolana el 9 de septiembre de 1838, con el nombre de "Gran Logia de Venezuela".

Desde esa fecha memorable, la Gran Logia de Venezuela, hoy "Gran Logia de la República de Venezuela", ha trabajado ininterrumpidamente, con luminosas etapas de prosperidad, como durante el gobierno del Serenísimo y P∴ H∴ Antonio Guzmán Blanco, Protector de la Masonería y a quien le correspondió la grata misión de inaugurar oficialmente el Gran Templo Masónico de Caracas, el 27 de abril de 1876.



LA OBRA MASÓNICA

La escena política en el siglo pasado estuvo dominada por la masonería. El Pronunciamiento del 19 de abril de 1810, fue obra fundamentalmente de la masonería. Los principales protagonistas: el Pbro. José Cortés Madariaga y Juan Germán Roscio, eran masones activos. El gran pivote de esa acción libertaria: la "Sociedad Patriótica, era un cenáculo de masones. Inclusive los creadores del "Gloria al Bravo Pueblo", Juan José Landaeta y Vicente Salías, eran también masones.

En la firma del Acta de la Independencia, el 5 de julio de 1811, fueron los masones quienes presionaron sobre los timoratos y conservadores, para que no se retardara la histórica decisión.

En 1839, la segunda presidencia del General José Antonio Páez, considerada por todos los historiadores como su mejor gobierno, estuvo bajo el signo de la masonería, porque en el Gabinete Ministerial estaban varias de las más destacadas figuras de la Orden.

El 24 de marzo de 1854, otro presidente masón, José Gregorio Monagas, puso en práctica las enseñanzas de la masonería, aboliendo la esclavitud. Cabe señalar que los tres hermanos Monagas, fueron masones activos de altos grados.

La Guerra Federal que cambió políticamente al país, sentando las bases para la modernización que después produjo el General Antonio Guzmán Blanco, fue obra del pensamiento liberal masónico. El movimiento que estalló el 20 de febrero de 1859, estuvo dirigido por Ezequiel Zamora, un conspicuo dirigente masón, quien en su célebre proclama: "No habrá ni pobres ni ricos, ni esclavos ni dueños, ni poderosos ni desdeñados, sino hermanos que, sin descender la frente, se traten de vis a vis, de quien a quien", estaba repitiendo la prédica masónica de que "todos somos Iguales, sin distinción de razas, ni clases sociales, y que lo "único que nos distingue son las virtudes morales".

En la masonería los títulos y las riquezas, quedan fuera de las cámaras masónicas. Dentro de las Logias todos son simplemente "queridos hermanos"' es decir hombres libres e iguales para dialogar inteligentemente y ejercitar la fraternidad.

Durante la Guerra Federal, mientras Ezequiel Zamora, con su coraje y habilidad hacía correr adversarios, otro masón, Juan Crisóstomo Falcón, conseguía armas en Las Antillas. Falcón, desembarcó en Palmasola en julio de 1859, lanzando su primera proclama al país. Avanzó hacia Yaracuy, engrosando su ejército popular con nuevos voluntarios.

Los dos masones y amigos, Falcón y Zamora, triunfalmente se dirigieron al Centro, pero Ezequiel Zamora murió el 10 de enero de 1860, cuando sitiaba la ciudad de San Carlos. La obra que emprendió fue completada por Falcón, quien recibió el título de Mariscal y asumió la presidencia de la República constitucionalmente el 7 de junio de 1865.

Juan Crisóstomo Falcón fue Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo Confederado del Grado 33° para la República de Venezuela, entre 1864 y 1865. Durante su mandato la masonería logró robustecerse, pero como carecía de una política definida, capaz de influir sobre los dirigentes políticos de filiación masónica, dentro del liberalismo triunfador de la Guerra Federal, se produjeron fricciones, que originaron enfrentamientos como el encabezado por Monagas, otro masón prominente.



AÑOS DE ORO

La masonería llegó a su cenit en Venezuela durante la presidencia de Antonio Guzmán Blanco, Serenísimo I∴P∴H∴ Grado 33°, constructor del Gran Templo Masónico de Caracas y protector del pensamiento y la cultura liberal.

Antonio Guzmán Blanco, dominó toda una época desde 1870 hasta 1888. Sus enemigos lo acusaron de autócrata, pero lo que no pudieron negar es que fue el gran civilizador de Venezuela. El estadista que hizo avanzar al país, dictando leyes audaces de mucha proyección social, realizando ambiciosas obras públicas, mejorando las finanzas públicas e impulsando la educación pública.

Cuando Antonio Guzmán Blanco llegó al gobierno en 1870 no había virtualmente escuelas, colegios, ni universidades del Estado, donde se impartiera a los niños y jóvenes una instrucción laica gratuita, acorde con los progresos científicos y tecnológicos de la época. Los pocos planteles de instrucción que funcionaban estaban en manos del clero. En 1876, ya había 1.200 escuelas y colegios del Estado, con más de 50.000 alumnos.

Para darse idea del impulso que dio Antonio Guzmán Blanco a la cultura, conviene indicar que en 1870 en toda Venezuela sólo había un diario que salía en Caracas. En 1878, funcionaban en todo el país 62 periódicos de diferentes tendencias. Dotó a la República de los Códigos Civil, Criminal y Militar, además de un Código de Procedimientos. Instituyó el matrimonio civil y el Registro Civil, que antes estaba en manos del clero.

Atrajo inmigración selecta, construyó una amplia red vial y modernizó a Caracas. El 11 de junio de 1883, mediante un contrato con la Intercontinental Telephone Company de los Estados Unidos, ordenó "establecer líneas telefónicas en el interior de las ciudades, y entre ras principales ciudades y pueblos de la República que se juzguen necesarias". De ese modo Venezuela tuvo teléfonos, apenas siete años después de que Alexander Graham Bell, patentara en Massachusett, el 7 de marzo de 1876, el teléfono inventado por él.

El General Antonio Guzmán Blanco, fue miembro activo de la Logia "Esperanza" N° 7, de Caracas. Desempeñó los cargos de Guarda Templo Interior, Orador Fiscal y Venerable Maestro. En el escocismo ascendió al Grado 33°, recibiendo el título de "Serenísimo Gran Maestro".



LA CONSTRUCCION DEL GRAN TEMPLO MASÓNICO

El Gran Templo Masónico de Caracas, inaugurado por el Presidente de la Republica Antonio Guzmán Blanco el 27 de abril de 1876, fue en realidad obra de la Resp∴ Log∴ "Esperanza" N° 7, porque no sólo partió de su seno ese laudable proyecto, sino que además fue gente de ese Taller la que impulsó los trabajos iniciales, como la adquisición del terreno y la construcción de las estructuras básicas; y, si a todo ello pudiera agregarse el hecho de que el "Ilustre Americano" era miembro activo de la "Esperanza" N ° 7, quedaría corroborada la afirmación de que el Gran Templo es fruto del esfuerzo de esa Resp∴ Logia, que contó con la fraternal colaboración de otras tres Logias de la jurisdicción.

Veamos la historia. En la década de los años de 1850, las logias masónicas de Caracas, trabajaban en una casa ubicada en la esquina de Traposos, propiedad del Q∴H∴. Manuel Felipe Tovar, pero había el clamor general de montar un Templo propio, con todas las características arquitectónicas que aconsejaban los rituales y la importancia de la Institución.

La primera idea de construir el Gran Templo surgió en una tenida ordinaria de la Rep∴ Log∴ "Esperanza" N° 7, presidida por el II∴ H∴ Pedro Elías Hernández. Más tarde, el 15 de octubre de 1860, la Resp∴ Log∴ "Prudencia" N° 40, dirigió una plancha a la Resp∴ Log∴ "Esperanza" N° 7, para comunicar que había nombrado una comisión formada por tres personas, para que estudie junto con la directiva de "Esperanza" y otras Logias interesadas en el proyecto la posibilidad de construir el Gran Templo.

El 7 de septiembre de 1863, en la tenida ordinaria de la Log∴ "Esperanza" N° 7, fue aprobada una proposición para la compra de un solar situado entre las esquinas de Jesuitas y Arguinzones (hoy Maturín), de propiedad de María del Carmen y Miguel Tejera, que estaba en remate.

Para la adquisición de ese terreno, la Log∴ "Esperanza" N° 7, nombró una comisión integrada por los QQ∴HH∴ Isaac J. Pardo, Casimiro Hernández, Pedro Elías Hernández, Francisco Conde, Juan Marcano y José Francisco Herrera, quienes constituyeron una asociación civil para la construcción del Templo. La financiación fue hecha mediante la emisión de acciones que fueron colocadas entre los miembros de la "Esperanza" N° 7 y otras Logias. Cada acción costaba 50 pesos.

Según el expediente N ° 11, Folio 26 del Juzgado de Primera Instancia, el remate del valor del terreno estaba fijado en 1.600 pesos, correspondientes a las dos terceras partes del valor original.

El remate se llevó a cabo el 10 de septiembre de 1863, y fue adjudicado a José Ángel Álvarez por 1.600,33 pesos, el cual a su vez lo traspasó a José Francisco Herrera.

El 14 de septiembre de ese mismo año, los QQ∴ HH∴ de otras Logias que hablan adquirido las acciones, procedieron a la formalización del convenio de compra del mencionado terreno.



EL ACTA

La adquisición fue hecha por ante la Oficina Subalterna de Registro del Departamento Libertador del Distrito Federal, y aparece bajo el N° 66, Folio 66 del Capítulo 8. Textualmente dice lo siguiente:

"Ramón Yépez, mayor de veinticinco años, vecino de esta ciudad declaro: que doy en venta pública a los señores Casimiro Hernández, Pedro E. Hernández e Isaac Pardo, como representantes de la Sociedad Empresarial "TEMPLO MASONICO" de esta ciudad, un solar de mi propiedad situado entre las esquinas de Jesuitas y Arguinzones, de diecisiete tercias varas de frente y setenta y dos de fondo, que linda por el naciente con casa de las señoras Elena y Socorro Amiama; por el poniente, con la fábrica de dicho TEMPLO MASONICO; por el sur, con la calle Fraternidad (antes calle de la Protección), que es su frente; y por el Norte, que es su fondo, con casa que es o fue de Julián Jackson. Dicho solar lo compró a los herederos del señor José Ignacio Goya, según escritura registrada en este Departamento en 19 de septiembre y 8 de octubre de 1857, libre de todo censo, hipoteca, de todo empeño y gravamen como lo vendo a la expresada sociedad, traspasando la propiedad de posesión y derechos que en él tengo por la suma de seiscientos pesos que me han entregado los referidos señores en dinero en efectivo, de lo cual le otorgo recibo en forma, renunciando la excepción de dinero no entregado y las leyes de su recibo, pruebas y demás del caso.

Hago a la Sociedad compradora, gracias y donación del mayor valor que tiene dicho solar, y me obligo a la evicción y saneamiento, renunciando cuantas leyes puedan favorecerme. Caracas, diciembre 24 de 1864, Ramón Yépez -Leído y firmado por el otorgante de cuyo conocimiento doy fe ante ml y los ciudadanos que suscriben, testigos vecinos. Caracas, diciembre 24 de 1864. Ramón Yépez M., M. Hernández Testigos: R. I. Díaz.- El Registrador, Emilio Conde ".



LA CONSTRUCCIÓN

La Resp∴ Log∴ "Esperanza" N° 7, consiguió suscripciones por valor de 12.000 pesos, con los cuales compró el terreno de 2.960 varas cuadradas y procedió a la colocación de la primera piedra el 11 de septiembre de 1864, en un acto solemne presidido por el Gran Maestro, R∴ H∴ Francisco Conde. En dicha ocasión, el Diputado Fernando Arvelo, quien después llegó a la Gran Maestría, felicitó a la "Esperanza" N° 7 con las palabras siguientes:

"Permitidme que os congratule por el fausto suceso que celebramos hoy. Colocar la piedra fundamental del Templo Masónico es un acontecimiento demasiado trascendental para no llamar por el momento toda nuestra atención. Si el mundo profano celebra muchas veces la creación de monumentos que dedica a la vanidad y el orgullo, nosotros los que pertenecemos a la Gran Familia es justo que nos regocijemos al levantar el que ha de ser símbolo de nuestra cordialidad y tabernáculo precioso de todas las virtudes. Gloria pues a todos los generosos hermanos que han contribuido a la realización de un pensamiento tan laudable, especialmente al digno y venerable Maestro y demás miembros de la Resp∴ Log∴ "Esperanza", a quienes cupo en esta ocasión la iniciativa. Levantemos RR∴ HH∴ nuestros corazones hasta el G∴A∴D∴U∴ para pedirle que bendiga nuestra obra, y que nos dé fuerzas para perseverar en nuestro propósito, y que disipando con un soplo omnipotente las nubes que en el futuro puedan oscurecer el horizonte, el sol de la paz ilumine y proteja nuestro Templo."

Luego el Diputado de la Resp∴ Log∴ "Esperanza" N° 7, Isaac J. Pardo, que desempeñaba el puesto de Gran Orador de la Gran Logia, pronunció un largo y elocuente discurso, del cual reproducimos los párrafos iniciales:

"Queridos hermanos míos”:

"El puesto que me habéis ordenado desempeñar me impone la obligación en todas las solemnidades que celebra la Muy Resp∴ Gran Logia, de trazar la piedra de orden, o séase, de presentar las reflexiones a que ellas dan lugar”.

"Poner la piedra fundamental de un Templo Masónico, ha sido en todos los tiempos un acontecimiento importante para los Hermanos; y por los Rituales todos, desde los más antiguos hasta los nuestros, han prescrito ceremonias imponentes para estos actos”.

"Es en primer lugar un sentimiento de devoción el que nos guía. En nombre y A L∴G∴D∴G∴A∴D∴U∴ emprendemos todos nuestros trabajos. SI EL SEÑOR NO EDIFICARE LA CASA EN VANO TRABAJAN LOS OUE LA EDIFICAN. Nuestros edificios son templos dedicados al servicio de Dios, a quien reverentemente reconocemos, y la bendición de Él la invocamos con la confianza con que los hijos se dirigen a sus padres”.

"Mas, el ruego sólo, no nos dará los resultados que anhelamos. Del G∴A∴ pedimos que bendiga nuestros esfuerzos, que los haga fructíferos. Sólo rogar y pretender que esto baste para lograr nuestros deseos, sin esfuerzos propios, sería blasfemar. Cada uno debe prestar su auxilio en la obra que emprendemos y mientras más difícil parezca, más necesaria es la fervorosa constancia de todos, so pena de no ver nunca un buen resultado”.

"Esta consideración me conduce a examinar que es nuestra Institución y los resultados de nuestras reflexiones pueden servir en parte de respuestas a objeciones que se hagan a la Masonería; pues no faltará quien nos pregunte: ¿Para qué existís como masones? ¿Qué necesidad tenéis de hacer esfuerzos y sacrificios para elevar un edificio que llamáis templo al servicio del G∴A∴D∴U∴? ¿Qué tenéis o hacéis más o mejor que la iglesia, los colegios, las escuelas, los establecimientos de beneficencia, las instituciones republicanas? y cuando damos por toda respuesta: "Tenemos el principio de la Fraternidad y nuestro constante trabajo es la construcción de un templo A L∴G∴D∴G∴A∴D∴U∴ puede que nos envíen una sonrisa de compasión o de burla, de desdén y de desconfianza”.

“Hay además otros motivos para explicar hoy qué es la Masonería. El acto en que nos encontramos es público. La sociedad toda tiene el derecho de conocer a los que hacen parte de ella, que buscan su amparo y protección, que construyen edificios propios, y hacen uso, en fin, de todos los derechos que todas las Instituciones acuerdan a los habitantes del país. Y los masones tenemos el principio de que la dignidad del hombre consiste en reflexionar sobre sus obras y que es necesario repetir con frecuencia cual es nuestro objeto, para que teniéndolo siempre ante nuestros ojos, no nos apartemos de nuestro camino”.

"Nuestro principio es la Fraternidad, hemos dicho, y de él desprendemos todos los demás. En efecto, qué quiere decir Hermano, sino hijo de un mismo Padre, hombres todos con los mismos derechos. Y el Templo que queremos construir A L∴G∴D∴G∴A∴D∴U∴ qué es sino la perfección de la humanidad, para que sea digna de Él, la Libertad, la Igualdad, el auxilio mutuo, la instrucción, las ciencias... todo, todo cuanto hay de grande, de noble y santo bajo la bóveda del Cielo, está contenido en este principio y en este trabajo".



PROBLEMAS SUPERADOS

Para mediados de 1873, el dinero recolectado por la Resp∴ Log∴ "Esperanza" N° 7 resultó insuficiente, ante la magnitud de la obra emprendida. Cuando los trabajos estaban en una tercera parte de lo proyectado, la caja quedó en cero. Entonces la Resp∴ Gran Logia de Venezuela, con fecha 3 de junio de 1873, emitió una plancha para solicitar ayuda financiera de todas las logias de la jurisdicción, para que no se interrumpiera la construcción del Gran Templo.

En esos días el Presidente Antonio Guzmán Blanco, Grado 33° que estaba en el cenit del poder, ejercía las funciones de Guarda Templo de la Resp∴ Log∴ "Esperanza" N° 7. Enterado del problema que había surgido con la construcción del Templo, ordenó al Ministerio de Fomento hacerse cargo de la conclusión de la obra.

En efecto, el 1° de diciembre de 1873, el Ministerio de Fomento resolvió lo siguiente: "Por disposición del Presidente de la República, se crea una Junta de Fomento en la Capital, compuesta de los ciudadanos Juan Crisóstomo Hurtado, Isaac J. Pardo, Jesús M. Blanco y José Rafael Pacheco. Dicha Junta se encargará de la conclusión del Templo Masónico que existe en fábrica en la esquina de Maturín, de acuerdo con los planos y presupuestos presentados a este Ministerio. 2° .-Se acuerda con este objeto la suma de cinco mil venezolanos que se pagarán por la Tesorería Nacional de Fomento, debiendo la Junta presentar a este Ministerio los presupuestos quincenales, informes y relaciones, todo de conformidad con las resoluciones del 29 de septiembre y 21 de noviembre último".

Desde el 1° de diciembre de 1873, hasta el 1° de febrero de 1876, el Ministerio de Fomento erogó 5.000 venezolanos para la continuación de los trabajos del Templo, pero desde febrero de 1876, para acelerar la conclusión y por orden del Presidente Guzmán Blanco, aumentó la cuota a 6.000 venezolanos mensuales.



LA INAUGURACIÓN

El Gran Templo Masónico de Caracas, fue inaugurado oficialmente a las diez de la mañana del 27 de abril de 1876, por el Presidente Antonio Guzmán Blanco, quien en dicha ocasión pronunció su memorable discurso:

"Este no es solamente un Templo Masónico: es más que eso. Es el Templo que oficialmente levanta el Gobierno de Venezuela a la independencia de la razón del hombre; Templo en que caben sin estorbarse ni contradecirse, tanto los hebreos como los cristianos, así los católicos como los cuáqueros, el deísta como el protestante”.

"Este es el Templo de la humanidad civilizada. Lo he levantado sabiendo muy bien lo que hacía, y asumiendo la totalidad de las responsabilidades que tan insólito hecho entraña. Desde este punto de vista, encontraréis explicado cómo es que al mismo tiempo que levanto este Templo a la Masonería, estoy construyendo otro al catolicismo, que será el más suntuoso de Sur América y como, si tuviese tiempo, erigiría una sinagoga, y otro templo de la secta protestante”.

"La civilización del Siglo XIX es el triunfo de la masonería. Con el decálogo, que es el código de la moral universal y eterna, primero, y con Jesucristo, como modelo después, antes por medio de la asociación, y después de Guttenberg, por medio de la imprenta, ha realizado una verdadera transformación, en que a la barbarie, la ignorancia o el fanatismo, se ha sustituido con la libertad y la fraternidad”.

"Jesucristo como Guttenberg, son dos antorchas en la edad moderna. Jesucristo como generador de la redentora civilización, y Guttenberg como inventor de la máquina para popularizar la cultura hasta en las últimas extremidades sociales”.

"Lo que se diga dentro y fuera de toda la República, por todos los fanáticos, ilustrados o ignorantes, que para el caso poco importa, no me intranquiliza de manera alguna”.

"Mis profundas convicciones me dicen que estoy sirviendo a la causa de la humanidad, a la causa de Dios, mejor, muchísimo mejor, que todos aquellos que quisieran detener el mundo, porque no comprenden la inmensidad de lo Eterno y la grandeza a que desde el principio y en cada día, tiene destinada la especie humana”.

"Ojalá, ya que en Venezuela hemos logrado establecer la paz, bajo un gobierno respetable y respetado, moral y materialmente, ya que la República ha verificado su soberanía, y ya que hemos entrado en el franco desenvolvimiento intelectual y material de la Patria, la Masonería juzgue de su deber ponerse a la cabeza de la propaganda, para condenar por todos los medios el uso de la fuerza y la violencia, a fin de que sean sustituidos por la paz y la inteligencia".

"¡ Viva la independencia de la razón !"

"! Viva la civilización !"

"¡ Viva la fraternidad humana !"

El terremoto del 26 de octubre de 1900, que causó destrozos en Caracas, también afectó al Gran Templo masónico, produciendo deterioros en la cámara Capitular, en el vestíbulo exterior, en los Pasos Perdidos y en algunas cámaras. La fachada también tuvo agrietamientos y en varios sitios se desplomó el techo.

El Presidente Cipriano Castro, aunque nunca fue masón, tenia respeto y admiración por el papel histórico de la masonería y por la actividad moralista que cumplía.

Al ser informado sobre los daños que sufrió el Gran Templo, inmediatamente ordenó al Ministerio de Fomento la reparación de los mismos, que se cumplió con celeridad y a satisfacción de la Gran Logia, la cual agradecida, el 3 de marzo de 1904 emitió un voto de "profundo reconocimiento" por la munificencia del Mandatario.

El 10 de julio de 1904, quedó terminada la reconstrucción del Gran Templo. El reestreno del local fue hecho con una ceremonia de exaltación de la Resp∴ Log∴ "Fe" N° 14, la cual inauguró la "Cámara del Medio", el 13 de julio de 1904.

Durante el gobierno del Presidente Carlos Andrés Pérez, el Gran Templo Masónico fue declarado "Monumento Histórico Nacional" por constituir una verdadera reliquia de la arquitectura y la historia del país.



DECADENCIA DE LA MASONERÍA

La masonería aun cuando no tuvo una línea definida de dirección política en el país, se dejó sentir en la vida pública de Venezuela desde 1830 hasta 1899, año en que subió al poder Cipriano Castro y sus andinos. En el siglo antepasado la masonería logró momentos estelares, durante las tres administraciones de José Antonio Páez y en el gobierno de Antonio Guzmán Blanco. No olvidemos que José Antonio Páez fue el fundador del Supremo Consejo Confederado del Grado 33° y, Antonio Guzmán Blanco, el constructor del Gran Templo Masónico, de Caracas.

Bajo el alero del "Ilustre Americano", no solamente creció la masonería, sino que además logró jerarquía social y política. Pertenecían a las diferentes Logias de la Confederación, lo más granado de la política, del ejército y la sociedad caraqueña y de otras ciudades. Tan grande era entonces el prestigio de la masonería, que cualquier ciudadano con deseos de ascender, primero se iniciaba en una Logia, antes de intentar posiciones en la administración pública.

Todos los presidentes de Venezuela en el siglo antepasado, desde José Antonio Páez hasta Ignacio Andrade, fueron masones. Ese solo hecho demuestra que la política venezolana marchó al vaivén de las ideas que se cocinaban en la masonería, con no pocas discrepancias y choques, porque el pensamiento liberal tuvo diferentes canales y proyecciones, desde la posición conservadora de José Antonio Páez, la revolucionaria de Ezequiel Zamora, hasta el moderno liberalismo de Antonio Guzmán Blanco.

La masonería comenzó a declinar durante el gobierno de Francisco Linares Alcántara, quien cometió el error de permitir forcejeos con Joaquín Crespo, Modesto Urbaneja, Nicanor Bolet Peraza y otros dirigentes masones, los cuales aprovechando la ausencia del país de Antonio Guzmán Blanco, comenzaron a deslizar ataques contra la obra del "Ilustre Americano".

Juan Pablo Rojas Paúl, otro destacado masón, dirigía el grupo de los amigos leales de Antonio Guzmán Blanco. La pugnacidad debilitó a la Orden, la cual al dividirse en banderías por apetitos subalternos, como los encabezados por Amengual y Villanueva, deterioraron el espíritu de fraternidad, base fundamental de la unidad masónica.

La prematura muerte del General Francisco Linares Alcántara, en 1879, facilitó el regreso a Venezuela de Antonio Guzmán Blanco desde Paris, pero el liberalismo ya estaba dividido y con él la masonería. En 1883, el General Joaquín Crespo llegó de Maracay a Caracas llamado por Antonio Guzmán Blanco, quien hábilmente preparaba la sucesión presidencial. Con el ascenso de Joaquín Crespo a la presidencia de la República en 1884, mejoró un poco la situación de la masonería, pues Joaquín Crespo era fervoroso masón y llevó al Gabinete Ministerial a conocidas figuras de las Logias caraqueñas.

Pero el gobierno de Joaquín Crespo afrontó muchos problemas. El hambre en los campos, la malaria y la pobreza del erario público, complotaban contra sus buenas intenciones. Por otra parte, dentro de un sector del liberalismo y la masonería comenzó a sentirse cansancio de la influencia de Antonio Guzmán Blanco, "cuyas genialidades, aciertos e impertinencias", como diría después el historiador Ramón J. Velásquez, soportaba el país desde 1863.

Joaquín Crespo, se encontró entre dos fuerzas intolerantes y difíciles de contentar: los "guzmancistas" encabezadas por Juan Pablo Rojas Paúl, Francisco González Guinán, Antonio Pimentel y Bello, que vivían pendientes de las cartas que mandaba desde Paris el "Ilustre Americano"; y los amigos de Joaquín Crespo, quienes animaban al General para que se alzara con el santo y la limosna.

Joaquín Crespo fue presidente en dos periodos, en el último de 1892 a 1898, soportó cuartelazos y movimientos subversivos, donde estaban involucrados masones y antiguos amigos, pero Crespo era un hábil militar y con mucho coraje. No sólo resistió todos los golpes, sino que además con cada batalla ganada logró consolidarse en el poder.

En 1893, cuando la pugna entre liberales y conservadores aumentaba en intensidad, llegó a Caracas procedente de Nueva York el escritor colombiano José María Vargas Vila, quien era masón. Al referirse a esas luchas partidistas expresó que en Venezuela nadie quería llamarse "conservador", aunque en el fondo fueran "godos definidos". Por ese motivo, dentro el liberalismo habían conservadores a ultranza, que conspiraban contra las verdaderas ideas liberales.

Dentro del liberalismo venezolano, además de esa contaminación conservadora, comenzaron a perfilarse tres grupos: los liberales amarillos, de Amengual, Sanabria y otros; los republicanos de Urbaneja y Bustamante; y los liberales blancos encabezados por Aquiles Laroche, Fortoul Hurtado, Horacio Velutini, Juan Bautista García y Rafael de la Cova, los cuales contaban con el apoyo de Joaquín Crespo, quien como se sabe, a lo largo de su campaña legalista, enarbolaba bandera blanca, dizque para no lastimar a sus aliados conservadores.

Los liberales blancos, donde había muchos masones, más que un partido, constituían una sociedad eleccionaria, al servicio exclusivo del general Crespo y cuya existencia no fue más allá de las elecciones de diciembre de 1893.

Los liberales amarillos se manifestaron abiertamente contra Crespo, pero después buscaron un acercamiento por gestiones de la alta dirigencia masónica. Debe recordarse que los liberales amarillos eran guzmancistas, sin embargo, se sometieron a las exigencias de Crespo y aceptaron en su seno a los generales tildados de conservadores de la guerra civil de 1892. Gracias a esas maniobras, en las que la masonería se colocó aliado de los conservadores, Crespo ganó en las elecciones de diciembre de 1893, por abrumadora mayoría.

En 1897, el gastado liberalismo, siempre de brazo con la masonería, comenzó a moverse en favor de la candidatura presidencial de Ignacio Andrade, un dirigente masón y que para el momento de su escogencia era Presidente Constitucional del Estado Miranda, (tan grande como los actuales Estados Aragua, Miranda, Nueva Esparta y Guarico, juntos).

Ignacio Andrade, completó sus estudios en los Estados Unidos y vivió largas temporadas en Europa. Sus opositores, dentro el mismo liberalismo, lo tildaban de "godo" y "colombiano". Le recordaban que muchas veces despotricó contra los liberales amarillos y que su padre, el General José Escolástico Andrade, renombrado jefe oligarca, fue enemigo a muerte de Ezequiel Zamora.

Pero, Ignacio Andrade, a pesar de sus antecedentes conservadores y de las denuncias de los periódicos "El Monitor Liberal" y "El Liberal", quienes aseguraban que había nacido en Cúcuta el 31 de julio de 1839, con el apoyo de Crespo y de la alta dirigencia masónica, fue finalmente elegido presidente de la República, el 1° de septiembre de 1897.

Andrade tomó posesión de la presidencia el 28 de febrero de 1898 en medio de la desconfianza y de nubes agoreras. Ocho días antes había sido puesto en libertad el General José Manuel Hernández, quien después de huir a Queipa, al sur de Valencia, acusó a Crespo de "feroz dictador" y a Andrade de "extranjero afiliado al partido de los despotismos tradicionales de Venezuela".

El 11 de marzo de 1898, el general Joaquín Crespo llegó a Tocuyito, en su marcha hacia los llanos de Cojedes para combatir al general Hernández, el cual había logrado organizar un ejército de 5.000 hombres.

El 16 de abril de 1898, cuando Crespo después de una tenaz persecución a Hernández se encaminaba hacia las sabanas de Cojedes, fue víctima de los disparos de un grupo de insurgentes emboscados. Su muerte fue instantánea. La guerra civil se extendió a todo el país. El 12 de junio, fue tomado prisionero el general Hernández. Ese hecho determinó el fin de la guerra, pero no de las penalidades del gobierno de Andrade, el cual además de otras calamidades tuvo que sufrir el alzamiento del general Ramón Guerra, el 19 de febrero de 1899, en Calabozo.

Andrade, presentó su primer y último Mensaje al Congreso Nacional, el 27 de febrero de 1899. En el pintó un cuadro poco menos que aterrador, donde el azote de la guerra, se unía a los estragos de la epidemia de viruela que diezmó poblaciones íntegras; la crisis del Tesoro Público; y la baja del precio del café, primer producto de exportación. El primero de agosto de ese mismo año, el presidente Andrade enfrentaba a los problemas económicos del país, y a la revolución del general Hernández, al cual logró dominar, para enfrentarse inmediatamente a la de Cipriano Castro, quien denominó a su movimiento armado "revolución liberal restauradora".

El 23 de octubre de 1899, Cipriano Castro, de 41 años de edad, nacido en el vecindario de Capacho, Edo. Táchira, entró triunfalmente a Caracas. Ese día cayó el liberalismo amarillo y con él acabó la influencia de la masonería en la vida pública del país.

Cipriano Castro, amigo de Andueza Palacio y oscuro Diputado en 1890, aun cuando sabía de sobra que todas las figuras del liberalismo amarillo y blanco que había derrotado, eran miembros conspicuos de la masonería no ejercitó ninguna persecución contra la Orden. Al contrario, nombró ministros de su Gabinete, a masones como el General Joaquín Garrido, quien ocupó la Cartera de Guerra. Cuando el terremoto del 26 de octubre de 1900, causó destrozos en Caracas, produciendo serios deterioros en el Gran Templo Masónico, Cipriano Castro de inmediato ordenó la reparación del edificio. La reconstrucción de la central masónica quedó concluida el 10 de julio de 1904. En gratitud la Gran Logia pasó una carta de reconocimiento a "El Cabito".

La masonería no fue llevada a las catatumbas con el advenimiento de Castro, pero perdió su papel de institución dirigente. Sus principales figuras cayeron en desgracia política. Ya no participaban en las grandes decisiones nacionales, ni fueron invitadas más por el gobierno a las recepciones de Palacio, ni a ocupar altas situaciones en la administración pública.

Ese cambio, mermó el prestigio de que había gozado por más de tres cuartos de siglo. Las personalidades ya no tocaban las puertas del Gran Templo, ni los jóvenes con deseos de escalar posiciones, solicitaban las planillas de iniciación de las Logias. Les resultaba más beneficioso hacerse amigos de los partidarios de Cipriano Castro. Las Logias dejaron de ser puntos de atracción social y política.



LA NOCHE DE LOS 27 AÑOS

Con el encaramamiento de Juan Vicente Gómez al poder, en 1908, la situación se hizo menos favorable para el progreso de la masonería. Ese año regía los destinos de la Institución, como Gran Maestro, Domingo A. Coronil y, al frente del Supremo Consejo Confederado del Grado 33°, estaba Máximo Greccentino. Ambos habían colaborado con el gobierno de Ignacio Andrade y después se hicieron amigos del régimen de Cipriano Castro. Más tarde con el general Juan Vicente Gómez tampoco tuvieron problemas. El gomecismo nunca persiguió a la masonería. Prefirió ignorarla. Se sabe, sin embargo, que "El Benemérito" ordenó al Secretario de la Presidencia, Francisco González Guinán, una vigilancia disimulada del Gran Templo Masónico de Caracas, para ver si algún viejo liberal amarillo o tal vez algún cabeza caliente amigo de "El Cabito", se le ocurría conspirar.

Gómez, en medio de su poca o ninguna instrucción, ya que hasta el grado de "General" se lo debía a una decisión verbal de su compadre Cipriano Castro, a quien más tarde traicionó, sabía a través de sus conversaciones con Leopoldo Baptista y Francisco González Guinán, que el Libertador Bolívar, fue masón.

El omnipotente andino, amo de "La Mulera", dicen que sentía devoción inmensa por la figura del Libertador. Pensaba que si alguien como Simón Bolívar había pertenecido a la masonería, seguramente debía tratarse de una asociación "buena", y si era buena no podía estar contra él, el General Juan Vicente Gómez.

Pero, en la masonería había una situación contradictoria. Por esa tradicional disparidad de criterios, en nombre de la libertad de disentir, se producían hechos chocantes. Mientras muchos masones estaban en la clandestinidad o las cárceles por sus ideas democráticas, otros como Laureano Vallenilla Lanz y Alejandro Fernández García, que editaban el periódico "El Nuevo Diario", gozaban de los beneficios de la "guanábana" alabando al dictador.

Y como si fuera poco, el 21 de octubre de 1914, cuando se constituyó legalmente la "Sociedad Industrial Azucarera del Tacarigua", apareció en la escritura junto a los nombres de Juan Vicente Gómez, su hermano Juancho, sus hijos Vicente y Alí; Carlos Delfino, Antonio Pimentel, Caracciolo Parra Picón, Alberto Aranguren, Félix Galavís, Ramón H. Ramos, J. A. Martínez Méndez, Emilio Fernández, F. A. Colmenares Pacheco, Julio Hidalgo, J. Boy Anzola, el nombre de Domingo A. Coronil, como socio del dictador y sus íntimos.

La "Sociedad Industrial Azucarera del Tacarigua", comprendía extensas haciendas papeloneras y de aguardiente, ubicadas en fértiles tierras que pertenecieron a políticos cardos en desgracia. El libro con importantes detalles sobre el registro y funcionamiento de esa célebre Sociedad Industrial, es conservado por el ciudadano Carlos Federico Escarrá.

Domingo A. Coronil, fue Gran Maestro de la Gran Logia de Venezuela, de 1907 a 1909 y después, Soberano Comendador del Supremo Consejo Confederado del Grado 33°, entre 1913 y 1916 y más tarde, entre 1919 y 1923. Según algunos investigadores, eso explicarla el motivo por el cual Juan Vicente Gómez, además de su veneración por el Libertador Bolívar, se abstuvo de perseguir institucionalmente a la masonería.

Muchos de los dirigentes masones que hablan militado en las filas del liberalismo amarillo, apoyando a Guzmán Blanco, Crespo y Andrade, después decidieron colaborar con Gómez. En el libro de Luis Cordero Velásquez, "Gómez y las Fuerzas Vivas”, aparecen los nombres de prominentes figuras de la masonería entre los notables que se confundían con los chácharos de "La Sagrada", durante las terneras que se servían en honor del dictador, en Maracay y las afueras de Caracas.

Afortunadamente, para los antecedentes democráticos de la institución, no todos los líderes masones colaboraron con Gómez. La mayoría tomó el camino de la oposición. Por esa actitud sufrieron los rigores del destierro, del confinamiento y de las mazmorras de "La Rotunda".

Sin el pujante espíritu liberal que antes predominó en las Logias, la juventud pensante venezolana con deseos de superación, dejó de sentir interés por la masonería. Las captaciones eran cada vez menos frecuentes. Los pocos iniciados eran artesanos y gente sencilla sin mayor significación. Los escasos profesionales que ingresaban y subían por los peldaños directivos, estaban identificados con el gomecismo o se hacían la vista gorda ante el drama del país, para no perder determinadas canonjías.

Para 1928, la economía tradicional venezolana, agrícola y pastoril, se encontraba en proceso de desintegración. El monocultivo del café y cacao, estaba en franca decadencia, polarizando con otra monoproducción: el petróleo, en manos de capitales norteamericanos e ingleses, principalmente.

El gomecismo había doblegado a la pequeña burguesía venezolana, que deseaba un desarrollo nacional independiente. Al final se convirtió en panegirista de la dominación extranjera, beneficiándose mejor que con el café o cacao, con las propinas que les dejaba ese comportamiento.

El petróleo constituía ya en 1928, el renglón principal de la producción venezolana. Ese año llegó a 106 millones de barriles, de los cuales fueron exportados 100.600.000 barriles. La burguesía y la llamada clase pudiente, a las que pertenecían no pocos masones, habían hecho a un lado sus aspiraciones de tomar el poder, para participar en el carnaval de concesiones, que después eran traspasada a compañías ingleses o norteamericanas.

Pero no todos los masones cayeron en esas tentaciones. El Ministro de Fomento de entonces, Gumercindo Torres, iniciado en una Logia capitalina, en Memorandum dirigido en 1930 a las compañías explotadoras, condenó las exoneraciones que durante los siete años precedentes habían alcanzado la cantidad de 219 millones de bolívares, en tanto que, durante ese mismo período, el Fisco venezolano sólo había percibido 187 millones de bolívares, por concepto de ingresos de esa explotación.

Contra esos saqueos y abusos, muchos ciudadanos pensantes que en 1928 militaban en algunas Logias, después del marasmo de más de cinco lustros, participaron a título personal en el movimiento antigomecista que dirigieron Jóvito Villalba, Rómulo Betancourt, Joaquín Gabaldón Márquez, Pío Tamayo, Guillermo Prince Lara y Antonio Arraiz, a pesar de que al frente del Ministerio de Relaciones Interiores, estaba el masón Laureano Vallenilla Lanz.

En Maracaibo, otro grupo de estudiantes, entre los que estaban los masones Valmore Rodríguez e Isidro Valles, fueron a parar al Castillo de San Carlos, por la osadía de haber organizado un movimiento de protesta contra la dictadura.

Un análisis de los hechos que sucedieron al movimiento de abril de 1928, demuestra que al lado de los políticos democráticos que pagaron el desafío a la dictadura con La Rotunda y el destierro, estuvieron numerosos masones, que con su amor a la libertad, justicia y dignidad, que los llevó al martirologio, limpiaron el honor de la masonería, que había sido empañada por el compadrazgo y los apetitos subalternos de otros masones, encaramados en puestos importantes dentro la Orden.

La silente anarquía que predominaba en la masonería, por falta de una cohesión democrática, sumada a la pesada atmósfera que se respiraba en el país, sin libertades, ni derechos, debilitó progresivamente a la Institución, hasta convertirla en convidada de piedra del quehacer nacional, donde los negros nubarrones del drama, parecían tapar las esperanzas de un mañana mejor.

Durante el gomecismo, la masonería vegetó como institución, sin aportar ideas, ni preparar a los dirigentes que necesitaba el país para después de la larga noche de la dictadura. Las tenidas de las Logias se concretaban a repasos litúrgicos inoperantes, donde lo único que mantenía vivo el espíritu masónico, era el impulso de la fraternidad, como la fuerza que junta a las ovejas en el rebaño, cuando amenaza la presencia de un depredador.

Refería el médico Jacobo Bendahán Chocrón, dos veces Gran Maestro de la Gran Logia de la República de Venezuela, primero entre 1925 y 1927 y después, entre 1930 y 1931, que una vez el temido general Juan Vicente Gómez, lo mandó llamar a su despacho en Maracay.

Cuando después de una larga antesala lo hicieron pasar a la oficina del déspota, Jacobo Bendahán temblaba pensando en la Rotunda y otras cosas. Pero el diálogo aunque corto fue amistoso:

-Así que usted es el jefe de la masonería?,- le preguntó Gómez.

-Si, soy el Gran Maestro de la Gran Logia de la República de Venezuela, mi General.

-y qué hacen ustedes en la masonería, -volvió a preguntarle mientras le clavaba la mirada en los ojos.

-Nos reunimos pacíficamente para conversar sobre la importancia de las virtudes y la moral. También inculcamos el amor al trabajo, el respeto a la Patria y la práctica de las buenas costumbres.

-Ajá, eso sí me gusta. Mientras prediquen el amor al trabajo, el respeto a la Patria y la práctica de las buenas costumbres, nunca serán molestados.

-Y es verdad que el Libertador Bolívar fue masón?

-Si excelencia, el Libertador Bolívar fue miembro de la masonería.

-Ajá, muy bien, eso ya me lo habían dicho.

En efecto, Juan Vicente Gómez, no se metió con la masonería, ni ella con él. Los espías del dictador y algunos masones que estaban en altos puestos o eran sus socios en prósperos negocios, le informaban constantemente sobre las actividades de la Confederación Masónica, donde las reuniones eran inocuas, sin peligro alguno para la estabilidad del régimen imperante.

La masonería venezolana subsistió los 27 años del gomecismo sin sustos, ni dolores de cabeza. Fue una convivencia pacífica que permitió funcionar a las Logias, pero perdió el prestigio y poder que obtuvo con José Antonio Páez, Antonio Guzmán Blanco, Joaquín Crespo e Ignacio Andrade. Esa declinación se dejó sentir en los decenios siguientes.



SIGUE LA CONVIVENCIA

En 1935 agonizaba la dictadura. Pero como toda bestia con los estertores de la muerte, estaba peligrosa. Un problema de fronteras con Colombia, en el río Tarra, produjo ruido de sables. El gobierno de Gómez, militarista por esencia, comenzó a prepararse para una eventual guerra con el país vecino. Compró armamentos nuevos para ocho mil hombres. Los colombianos hicieron lo mismo y armaron a diez mil efectivos del ejército. Todo el año de 1935 fue de encendidos debates y preparativos, pero la sangre no llegó al río. Primero porque se impuso la cordura y, segundo, porque el tirano Gómez, ya estaba dando sus últimos aleteos. Finalmente murió el 17 de diciembre de ese año.

El General Eleazar López Contreras, hasta entonces Ministro de la Guerra, quedó encargado de la presidencia de la República por decisión del Gabinete Ministerial y conforme a lo dispuesto por Gómez antes de morir.

Lo primero que hizo el nuevo Presidente y por cierto contrariando a los gomecistas, fue poner en libertad a todos los presos políticos que se pudrían en las cárceles. El segundo paso que dio, fue autorizar el regreso de los desterrados, con la única excepción de los comunistas. Finalmente, permitió cierta libertad de prensa y de reunión.

El general López Contreras obró con habilidad e inteligencia. Cuando las masas con la ira contenida asaltaron las mansiones de los gomecistas, se abstuvo de utilizar la violencia, pero al mismo tiempo facilitó la salida al extranjero con todo el dinero que podían llevar, a los familiares de Gómez y de todos aquellos personajes identificados con sus crímenes y errores.

La muerte del tirano desató una crisis política, que pudo haber llevado a los antigomecistas al poder, pero el general López Contreras supo controlar la situación y calmar la efervescencia, con medidas salomónicas, evitando de ese modo la guerra civil.

El 14 de febrero de 1936 fue la prueba de fuego para el flamante Presidente. Después de la balacera en la Plaza Bolívar, de Caracas, con un saldo de muchos muertos y heridos, se realizó una gigantesca manifestación a la cabeza de la cual marchó hacia Palacio de Gobierno, Jóvito Villalba. El General López Contreras, sin dejarse atemorizar por ese movimiento de masas, hizo cambios en el gobierno para contentar al pueblo. Bajó al llano a Pérez Soto, León Jurado y otros gobernadores y ministros identificados con el gomecismo, para sustituirlos por elementos democráticos como Rómulo Gallegos, Alberto Adriani, Alberto Smith, Néstor Luis Pérez, Régulo Olivares, Elbano Mibelli y otros.

Uno de los destituidos, León Jurado, era miembro de la masonería. A todo esto la Gran logia mantuvo absoluto silencio. Repitiendo la táctica que había observado durante el gomecismo, prefirió hacerse la vista gorda y adoptar la política de la convivencia.

En 1937 comenzó la organización del PDN (Partido Democrático Nacional), que culminó el 27 de septiembre de 1939 con la celebración de la Primera Conferencia Nacional, donde se eligió el Directorio Nacional bajo la presidencia de Rómulo Betancourt. Varios de los integrantes de esa directiva fueron después miembros de la masonería. Veamos la lista: Inocente Palacios, Alejandro Oropeza Castillo (masón), Raúl Leoni (masón), Luis Lander, Jesús Paz Galárraga, Gonzalo Barrios, Valmore Rodríguez (masón), Ana Luisa Lovera, Leonardo Ruiz Pineda, Antonio Leindenz, José Oropeza, Luis Beltrán Prieto Figueroa (masón), L. A. Pocaterra, Raúl Acosta, Luis Troconis Guerrero, Luis Augusto Dubuc y Gualberto Fermín.

El PDN fue la antesala adeca. Sobre la base de ese partido, el 29 de julio de 1941, fue legalizada la fundación de Acción Democrática, que emergió a la vida pública, en una manifestación celebrada en el Nuevo Circo de Caracas, el 13 de septiembre de 1941, donde pronunciaron elocuentes discursos Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco (masón), Luis Beltrán Prieto Figueroa (masón), Mario García Arocha y Rómulo Betancourt.

Con el controvertido golpe del 18 de octubre de 1945, Acción Democrática llegó al poder, y con ese Partido, algunos miembros de la masonería que actuaban individualmente. El 24 de octubre de 1948, un golpe militar dirigido por los comandantes Carlos Delgado Chalbaud, Marcos Pérez Jiménez y luego Felipe Llovera Páez, derrocó al flamante gobierno democrático de Rómulo Gallegos.

Luis Felipe Llovera Páez, era miembro de la masonería, nacido en Ciudad Bolívar el 14 de abril de 1913, se inició en 1937 en la Resp:. Log:. "Aurora de Paria" N° 42, fundada en Güiria, Edo. Sucre, en 1872. Más tarde cuando asumió el mando dictatorialmente Marcos Pérez Jiménez, después de la muerte de Carlos Delgado Chalbaud, Luis Felipe Llovera Páez que estaba al frente del Ministerio de Relaciones Interiores, dicen que se mostró benevolente con algunos masones llevados a prisión por el delito de participar en actividades subversivas. El mismo descargo se hace en favor del "Bachiller" Castro, lugarteniente del temible jefe de la Seguridad Nacional, Pedro Estrada. Muchos aseguran que el "Bachiller" Castro salvó de torturas y encerronas a muchos adecos que se identificaron como masones.

Otro colaborador de Pérez Jiménez, el comandante Rafael Ángel Molina Franco, miembro de la Resp.·. Log.·. "Esperanza" N° 7, de Caracas, también ayudó a muchos masones que cayeron en las redes de la Seguridad Nacional, bajo la sospecha de conspirar contra la dictadura.

Esa dicotomía en el comportamiento masónico, con tirios y troyanos dentro de la misma tolda, igual como sucedió en la época de Gómez y en la transición de López Contreras, según algunos exegetas de la masonería, es la clave de la supervivencia de la Institución en tiempos difíciles, pero otros consideran que es la causa de su decadencia o por lo menos de su debilitamiento, con la pérdida del poder que tuvo en el siglo pasado, cuando estaba identificada con el liberalismo.

Lo cierto es que la masonería institucionalmente miró desde palco el drama del "ochenio", El dictador Pérez Jiménez, no se metió con la Orden, no se sabe si para congraciarse con su amigo Llovera Páez y otros altos jefes militares o simplemente porque no la consideró peligrosa para sus planes, no obstante que individualmente numerosos masones trabajaban en la resistencia, mientras que otros estaban confinados en la Isla Guasina, a merced de la voracidad de los zancudos y la inclemencia atmosférica, o se pudrían en diferentes cárceles del país.

La dictadura de Pérez Jiménez, aunque fue soslayada por la Gran Logia, perjudicó indirectamente al desenvolvimiento de la Institución masónica. Varias importantes iniciativas, como la creación de las Logias Femeninas de Adopción, autorizadas por la Alta cámara del Simbolismo, en su tenida del 8 de diciembre de 1952, entraron en receso por la prisión, o el destierro de sobresalientes figuras de la Orden.

Por otra parte, la falta de libertades y el régimen de terror que había impuesto la Seguridad Nacional, redujeron considerablemente el ritmo de las actividades masónicas, mermando sobre todo el número de iniciaciones y el ímpetu creativo de algunos intelectuales democráticos, de deseaban impulsar a la Institución para ponerla a tono con los tiempos.



LA GRAN DIVISIÓN

Durante la dictadura de Pérez Jiménez, la atmósfera política enrarecida, la suspicacia y la desconfianza que predominaban en todos los niveles, produjo tres bandos claramente definidos: los demócratas y progresistas situados en la resistencia; los perezjimenistas y contratistas extranjeros que se entendían con el déspota; y los indiferentes que sólo se preocupaban de vegetar, sin correr riesgos de ninguna clase.

La masonería como no es una isla feliz, marginada del país nacional, también estaba influencia por esas corrientes en pugna. En los altos cuadros dirigentes dominaba la tendencia conservadora, partidaria de mantener contra viento y marea una posición neutral, para lo cual adoptaron una actitud contemplativa, que no se compadecía del descontento nacional contra los abusos del régimen imperante.

Corría el año de 1953. Estaba al frente de la Gran Logia de la República de Venezuela, Rafael Ernesto Otero, que hacía gala de un carácter afirmativo, poco dado a la consulta democrática y al libre juego de las ideas. Entre sus planes personales, tenía el proyecto de hacer demoler el Gran Templo Masónico para la construcción de un edificio. Pero como la empresa a la cual pensaba confiar la obra no ofrecía las garantías necesarias, un grupo de masones de alta jerarquía, entre gallos y media noche, resolvió quitarle la investidura de Gran Maestro.

La conjura que se realizó exitosamente, provocó una escisión. Un grupo de Logias defensoras de la fundamentación jurídica, se declaró independiente. Al año siguiente, otro grupo de Logias, donde sobresalían masones de mentalidad democrática y de ideas modernas en materia de organización institucional, se reunió en la ciudad de Valencia, Edo. Carabobo, para estudiar la situación de la masonería nacional y la necesidad de redactar una nueva Constitución, más democrática y a tono con los tiempos.

De la reunión en Valencia, salió la decisión de hacer contactos y conversaciones con todas las Logias de la jurisdicción, para la formación de una "Comisión Unificadora", que sería la encargada de organizar una "Gran Convención", que pusiera término a la división de la masonería y preparara los caminos para renovar la Constitución y los Estatutos Generales de la Orden.

La Gran Convención se reunió en el Gran Templo Masónico, ubicado de Jesuitas a Maturín, en Caracas, el 18 de agosto de 1956, con la asistencia de 215 diputados, en representación de 72 Logias, que constituían la mayoría del pueblo masónico venezolano.

Las deliberaciones se prolongaron por tres días, finalmente el 20 de agosto, los 215 diputados que asistían a la reunión, poniéndose de pie, aprobaron por unanimidad la nueva Constitución, la cual sería después conocida como la "Constitución de 1956". Esa Carta Magna, fruto del espíritu unificador de la masonería y del deseo de progresar con instrumentos legales modernos, fue recibida jubilosamente en toda la Confederación.

Una de las disposiciones de la nueva Constitución, era el voto democrático, universal y secreto para la elección del Gran Maestro y demás dignidades de la Gran Logia. En virtud de ese mandato, los maestros masones de todas las Logias de la jurisdicción, ejercían el papel de electores.

En las elecciones realizadas según lo dispuesto por esta moderna Constitución, resultó electo como Gran Maestro, Augusto Ascanio. En el mes de abril de 1957, de acuerdo con lo establecido por la Constitución de 1956, se reunió en el Gran Templo Masónico, de Jesuitas a Maturín, la Alta Cámara Legislativa, para la aprobación de los nuevos Estatutos Generales, que derogaban los viejos Estatutos del 1° de diciembre de 1931. En esa reunión de la Alta Cámara Legislativa, estuvieron presentes los Diputados de 100 Logias, lo que significaba que se agregaban 28 Logias más, a las 72 que aprobaron la Constitución de 1956.

Ante ese alto cuerpo masónico, integrado por 100 Logias, el Gran Maestro Augusto Ascanio, presentó su Memoria en hizo una amplia apología de las bondades de la nueva Constitución, a la cual denominó "Constitución Unificadora".

Las 72 Logias, que el 20 de agosto de 1956, aprobaron la "Constitución Unificadora", por medio de sus representantes según consta en el documento firmado al respecto, fueron las siguientes:

  1. Protectora de las Virtudes N° 1. Dr. Rafael C. Bello, Napoleón Marcano Maza, Luis Rafael Itriago Muñoz, Juan Bernabé Brotons, Pedro López Centeno.
  2. Unanimidad N° 3. Urbano Daniel Nancy, Carlos Ramón Arévalo.
  3. Fraternidad N° 4. Felipe Cruz Delgado, Manuel V. Rivero, Francisco Grullón.
  4. Regeneradores N° 6. Dr. José Rafael Silva Cedeño.
  5. Esperanza N° 7. Balbino González Magallanes, J. R. Castro Graterol, Gregorio Vidaurreta, Joaquín Carmen Plana, Pedro López.
  6. Alianza N° 8. Andrés Bertrand Perdomo.
  7. Victoria N° 9. Hugo Montesinos Castillo.
  8. Asilo de la Paz N° 13. Lorenzo Vargas Mendoza.
  9. Fe N° 14. Alfredo Latuff, Dr. César Peralta Mora. Dr. Buenaventura Briceño Belisario, Celestino B. Romero. COMISION ESPECIAL para atender a los Delegados. Dr. César Peralta Mora, Dr. Santos Carrasquel Sabino, Celestino B. Romero, Arístides González, José Gómez y Gómez Juan Rondón Damas, Tibor Matras. (Según Gr:. Plancha N° 2.622 del 9-8-56).
  10. Tolerancia N° 15. Gerónimo Fuentes, Manuel Meléndez, Dr. Thibaldo González, Pablo García.
  11. Unión Fraternal N° 17. Dr. Yosías Delima Camejo, Ismael Delgado.
  12. Lealtad N° 19. Dr. M. A. Lanz López, Francisco Falcón Hurtado, Héctor Aguirre. R. Rodríguez Vargas, Jesús Ramírez Figueroa, Ramón Fernández Pérez, Urbano Aponte Bolívar, P. A. Ruiz Paz Castillo. Pedro R. Sierra, José Danilo Arzola.
  13. Virtud y Orden N° 22. Próspero Valentini, Salvador Malavé.
  14. Bella Altagracia N° 24. Hornero R. Echevarreneta, Pablo Meza Gómez.
  15. Candor N° 27. Ángel Ramón Naranjo, Pedro Grau Méndez, Pablo Zoppi, Domingo Morales Del Río, Tomás Morales Briceño.
  16. Pedro Cova N° 28. Juan Francisco Girón.
  17. Andrés Bello N° 33. Pedro Manuel Rengifo, Candelario Cabrera Mérida, Antonio Navas Pulido, Neemías Serfati, Malaquías Fernández.
  18. Concordia N° 36. Santiago Quintana Gutiérrez (con derecho a delegar su representación en otro H.·.).
  19. Sol de América N° 37. Antonio Somoza, Edito Acevedo, Manuel Porras Puigbó.
  20. Estrella de Guanipa N° 4. Arnín Anderi.
  21. Guaicaipuro N° 43. José Antonio Márquez, Tomás Pascual Liñán, Alberto Figueredo Siso, Salvador Camero, John H. Heaford, Luis Felipe Sanmartín.
  22. Luz del Caribe N° 44. Dr. Luis Guillermo Burgos Finol, Cnel. Héctor D' Lima Polanco, Armando Rodríguez, Zacarías Rodríguez, Felipe Día.
  23. Estrella de Occidente N° 50. Celestino Peraza Medina.
  24. Aurora de la Paz N° 55. Vicente Balbi Romano, Julián R. Campos, Vicente Morales Díaz, Aldo Quaglia.
  25. Carabobo N° 69. Dr. José Antonio Campos Delgado.
  26. Unión y Progreso N° 70. Imposibilitados enviar Delegados se adhieren resoluciones que se tomen.
  27. Renovación N° 72. Eduardo Vera Custodio, Ernesto Amaya Piñeros, Luis A. Carratú, Eduardo Delpino Arias, Salvador Ortega.
  28. Francisco de Miranda N° 73. Ramón A. Debourg.
  29. Sinaí N° 78. César V. D' Suze. Dr. Pedro J. Hernández Pérez, Martín Mora Saavedra, Prof. Raúl Aguana Figuera, Prof. Armando Lovera H.
  30. Juan Bautista Arismendi N° 79. Josué Vicente Rosanía.
  31. Francisco Salías N° 81. José Quijada Gamboa, Juan Ramón Méndez, Francisco Silva Acuña.
  32. Ricaurte N° 82. Nicolás Jesús Salazar.
  33. Luz y Armonía N° 83. Arturo Graffe Armos, Marcos Vinicio Artílez.
  34. Sol de Nueva Esparta N° 84. Fortunato Rosas Díaz, Raúl Sifontes Fermín.
  35. Sol del Táchira N ° 85. Dr. Antonio Vicente Ramírez Calderón, Tito Sánchez y Sánchez.
  36. Libertador N° 89. Juan Manuel Barrios.
  37. 19 de Abril N° 90. Dr. Víctor M. Roldán, Ignacio Acosta Gadea, Dilvo Salvatori.
  38. Amantes de la Caridad N° 95. Rafael D' Guido Véliz, Manuel Lucart Salazar.
  39. Sol de Carabobo N ° 97. Francisco J. Sarquis.
  40. Benito Juárez N ° 98. Salvador Valera, Cirio Colina.
  41. Fraternidad Humana N° 98-A. Eneas Marín, José Núñez Guaimare.
  42. George Washington N° 100. Harold Simpson, Carlos A. Pinaud, J. D. Farnum A. Cobo, C. M. Stacey, B. Bertarione.
  43. Libertad Española N° 101. Domingo Pérez y Pérez, José Marra Llopis, José Marra Herranz, Manuel Diéguez, Francisco Pacheco.
  44. José Plaz Ortiz N° 103. Cnel. José Daniel Vera Custodio, quien por enfermedad delegó sus facultades en el H: .Fabricio Fuentes.
  45. Falcón N° 104. Ricardo Roig Márquez, César Yamarte López.
  46. Antonio José de Sucre N° 105. José Núñez Guaimare.
  47. Estrella de San Juan N° 107. Efraín J. Pinto.
  48. Sol del Tacarigua N° 108. Ramón Antonio Fernández Pérez, Magdaleno Rico Morales, Miguel Abraham Vargas.
  49. Armonía N° 110. Antonio Pulido Balza.
  50. Sol de Curpa N° 112. Argenis Vivas, Alcides Barrios, Dr. Francisco Cortése.
  51. Símbolo N° 113. Joaquín Acosta Santana, Manuel Pelucarte, Enrique Celestino Navas, Luis Lugo, Oscar Palacios.
  52. Gandhi N° 114. Frank Maurete, Oliverio Farras Jaramillo, Luis Rangel Pérez.
  53. Sol de Anzoátegui N° 117. Juan B. Villamizar, Alfonso Granda Santobeña.
  54. Estrella de Bolívar N° 118. Manuel Gil Subero. César Vallenilla Díaz.
  55. De Molay N° 119. Ferdinand Pici, Pedro Díaz Abalo, S. Cula Rosemblat, J. J. Gschwebndtner. Leopoldo Hernández.
  56. Hermes N° 121. Enrique Delmas Blasco, José Torrente Durán, Feliciano Martín Galán, Juan Rucosa Zordia, Juan Mariscal Máximo.
  57. Estrella del Icabaro N ° 125. No puedo enviar Delegado pero se adhieren sin objeción a lo que resuelva la mayoría.
  58. General Rafael Urdaneta N° 126. Emiliano Faria Tuvíñez.
  59. Estrella de Aragua N° 127. Ramón Horacio Velásquez, Juan Pablo Bolívar, Anselmo Benezca.
  60. Luz de Miranda N° 131. Roberto S. Ferrer R., José Manuel Ceballos, Cristóbal Sánchez Martínez, Hugo Obregón Obregón.
  61. Cuna de América N ° 133. Rafael Agüero Morales.
  62. Pitágoras N ° 134. Fernando Bustamante.
  63. Amistad N° 136. Feliciano Hernández.
  64. Moderación N° 137. Leonardo B. Gómez.
  65. Estrella del Caroní N° 139. José A. Cardozo Ochoa, José Jesús López, Francisco Herrera García, Francisco José Machado.
  66. Humboldt N° 141. Franz Kaletta, Siegmund Neuburg.
  67. Giordano Bruno N° 142. Aldo Barbero, Rocco Visalli, Líbano Marmuggi, Remigio Ficeli.
  68. Unificación N° 143. Pedro A. Sanoja.
  69. Igualdad N° 145. Vicente Bloise, Eugenio Gota R, Juan Guglielmi, Luis Reyes Ventura.
  70. José Cortés Madariaga N° 147. AIfonzo Granda Santobeña, quien delegó su representación en el H.·. Juan B. Villamizar; Pío E. Rodríguez, Bruno E. Pohl, Pablo Luis Alexis Rozo, Cándido E. Rodríguez, Herminio Quintero, Leonardo Bideau.
  71. Dignidad Humana N° 14. Juan A. Angulo Paúl, Nicolás Minaretzis, Juan Crisóstomo Mijares Infante.
  72. Ilustre Americano N° 150. Américo Lora Camacho, Jesús Emilio Jiménez, Guillermo Medina, Eduardo Padilla lIlas, Francisco A. Hernández.

Las 27 Logias que se adhirieron después a la "Constitución Unificadora" o "Constitución de 1956", fueron las siguientes:

  1. Porvenir N° 18
  2. Lealtad N ° 19
  3. Estrella de Paria N ° 25
  4. Unión N° 49
  5. Estrella de Las Pampas N ° 54
  6. Dios y Patria N ° 67
  7. Dalla Costa N° 75
  8. Bolívar y Morillo N ° 91
  9. Sol de Aragua N° 96
  10. Hiran N° 102
  11. Asilo Llanero N ° 106
  12. Oasis de La Paz N ° 111
  13. Teófilo Leal N° 115
  14. Buenavista N° 116
  15. Lago de Maracaibo N° 120
  16. Luz y Justicia N° 122
  17. Luz del Universo N° 123
  18. Sol de Imataca N° 128
  19. José Martí N ° 129
  20. Estrella de Guzmán Blanco N° 130
  21. Sol de Cojedes N° 132
  22. Maracay N ° 138
  23. Luz del Turimiquire N° 140
  24. Jesús Enrique Lozada N ° 146
  25. Gral. José Félix Ribas N° 148
  26. Estrella de Paraguaná N° 151
  27. Bolívar, Ricaurte y Martí N ° 152

Cuando todo parecía indicar que la armonía y la unidad ya no serían perturbadas en la Confederación Masónica, el Gran Maestro, Augusto Ascanio Sauce, sorpresivamente, el 14 de octubre de 1957, dictó el Decreto N° 21, para derogar la Constitución de 1956 y los Estatutos Generales de 1957, y poner en vigencia la vieja Constitución de 1924 y los Estatutos Generales de 1931.

El asombro fue grande, al recordarse que el día martes 21 de abril de 1957, en la Tenida Extraordinaria celebrada en Cámara de Maestros, el Gran Maestro, Augusto Ascanio Sauce, fue el primero en estampar su firma en un documento para reafirmar la decisión de cumplir y hacer cumplir fielmente la Constitución de 1956 y los Estatutos Generales de 1957 y otras reformas aprobadas para el progreso de la masonería venezolana.

Según se supo después, grupos conservadores de los Altos Cuerpos Masónicos, presionaron al Gran Maestro, Augusto Ascanio, para que dejara sin efecto las reformas aprobadas por la Alta Cámara Legislativa. No deseaban elecciones democráticas y directas, con el voto universal y secreto de los maestros masones de todas las Logias de la Confederación.

El Decreto N° 21, cayó en la masonería con los efectos de una bomba atómica. La división no tardó en producirse. Un grupo numeroso de Logias se salió de la obediencia y estableció otro Gran Oriente, para seguir trabajando bajo la Constitución de 1956 y los Estatutos Generales de 1957. Esa escisión hizo mucho daño a la Orden, no sólo la debilitó, sino que además le restó respetabilidad en el mundo profano, por las derivaciones policiales y judiciales, que epilogaron el drama.



LA NUEVA ETAPA

Los cambios registrados en el país con el movimiento popular del 23 de enero de 1958, que derrocó a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, encontraron a la masonería venezolana, dividida y con poca fortaleza. Las Logias que quedaron en la obediencia, trabajaban sin mayores proyecciones, dedicadas al ritualismo y a la actividad social reducida al círculo de los Talleres.

El 12 de marzo de 1964, subió a la presidencia de la República, Raúl Leoni, abogado, político y sindicalista, nacido en Upata, Edo. Bolívar, el 26 de abril de 1905. Se inició en la masonería en Ciudad de México. Posteriormente, cuando estuvo en el exilio en La Paz, Bolivia, de 1955 a 1956, ascendió al grado de maestro en una Logia de la Capital Boliviana. Se lo recuerda en la masonería boliviana por sus ideas democráticas, apegadas al derecho.

Pero, Raúl Leoni, al subir a la Primera Magistratura, nada hizo en favor de la masonería venezolana, seguramente porque no tuvo contactos con ella o porque la masonería no supo aprovechar esa situación especial, para lograr un punto de apoyo que le permitiera proyectarse eficazmente hacia el mundo profano.

El hermetismo, chapado a la antigua, la falta de imaginación y capacidad de maniobra de los dirigentes masones en la era democrática venezolana, impidió a la Institución ganar prestigio y poder.

No se supo entender que la masonería tenía que actuar con flexibilidad, sentido de oportunidad y espíritu de grandeza. Saber sacar provecho de las coyunturas que se presentaban en el país, para ganar prestigio y afincar su desarrollo, sin necesidad de comprometerse con ningún partido político o hipotecar su tradicional independencia.

Masones que estaban "en sueño", olvidados por sus Logias, ocuparon altos cargos públicos durante las administraciones de Raúl Leoni y Carlos Andrés Pérez. Pero, como ocurrió con Valmore Rodríguez y Andrés Eloy Blanco, en el primer gobierno de Rómulo Betancourt y en el de Rómulo Gallegos, por su desvinculación con las Logias o porque la dirigencia masónica no supo tomarlos en cuenta, las posiciones políticas que ocupaban en nada beneficiaron al progreso de la Confederación masónica.

Ahora bien, el Alto Consejo Masónico de Venezuela y la Gran Logia Regular Multiritualistica de Venezuela como Obediencia Masónica surgen un 12 de Octubre del año 2006, producto de la voluntad de un grupo de Francmasones Regulares que se hallaban preocupados por el desarrollo que llevaba la Francmasonería en nuestro país, tomando como fundamento los más puros principios del Arte Real y procurando practicar nuestros trabajos de acuerdo con los principios que nos son propios para conseguir que nuestros miembros mejoren moralmente y puedan ser un referente en la sociedad en la que se desenvuelven.

Juntos, decidimos hacer algo acompañados por el Alto Consejo Masónico Madre y conscientes de la difícil tarea de emprender un verdadero proyecto donde juramos rescatar con honor nuestras Augustas Tradiciones.

Hoy conformamos dieciocho (18) Logias distribuidas en ocho (8) estados de nuestro hermoso país, trabajamos en diferentes Ritos y continuaremos trabajando hacia la búsqueda de crear conciencia Masónica en la necesidad de recuperar por completo a nuestra augusta institución. Nos sentirnos contentos de asistir a nuestros trabajos, contentos de usar nuestro traje de rigor, de usar fielmente nuestros arreos y herramientas, de ser puntuales con el cumplimiento de nuestras obligaciones, de construir una Masonería fuerte y reconocida por todos. No es nuestro propósito disputar a ninguna organización, jurisdicción masónica ni territorio alguno, el tiempo nos dará la razón.

La Gran Logia Regular Multiritualistica de Venezuela se ha tornado en poco tiempo en un verdadero pilar de fuerza y se ha puesto a la vanguardia de la masonería a nivel internacional con la determinación de querer restablecer la antigua y verdadera Orden.

Para terminar este resumen de la historia de la masonería venezolana, es importante señalar que la Orden en el país perdió progresivamente influencia en la vida nacional. Ninguna de sus credenciales históricas fueron suficientes para despertar la atención de los gobernantes de turno, en este siglo. La equivocada política de aislamiento sistemático, la marginó de los grandes movimientos de opinión, donde una institución benemérita, como es la masonería, con dirigentes hábiles, habría podido obtener resonante prestigio y efectivo poder.

Los años de la era democrática venezolana, tenían que haber sido marco propicio para el engrandecimiento de la masonería, pero, repetimos, la falta de liderazgo, imaginación, sentido de la oportunidad, moderna organización e inteligente empleo de los recursos humanos, impidieron que la Orden lograra un desarrollo a tono con las credenciales que supo acumular en el siglo antepasado, donde todos los presidentes de la República fueron masones.

Ahora, el porvenir de la masonería venezolana depende fundamentalmente de la preparación y capacidad de maniobra de quienes la dirijan, sin caer bajo la tutela de los grupos ultra conservadores, los cuales desde la reconstitución de la Gran Logia, en 1838, siempre trataron de hacerla caminar a la zaga de sus intereses, olvidándose del carácter progresivo de la Institución, generadora de las ideas que hicieron y deben hacer transformar a la historia.

El futuro de la masonería venezolana, puede ser promisorio, en la medida que se recupere el verdadero Arte Real, se imponga el espíritu de grandeza, el ejercicio de la docencia en todos los niveles y se practique la fraternidad, para hacer de las Logias laboratorios del pensamiento y dinamos de la perfectibilidad social.

Servicio de e-mail del Alto Consejo Masónico de Venezuela
Cronograma
1 ER ENCUENTRO NACIONAL DE DOCENCIA MASONICA DIRIGIDO A TODOS LOS QH DEL ORBE
19/09/2014 - 12:00 pm
Lugar: CIUDAD DE ANACO, EDO ANZOATEGUI ORIENTE DE VENEZUELA
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